Yo me indigno, tú te indignas, él se indigna... (desde Balcarce Vox)

Indignación!!

El flaco se enteró que un grupo de veteranos zafó de la cola vacunándose en el Ministerio.

Y se indignó.

Tuvo razón. El periodista, el dueño del Diario La Capital, un puñado de empresarios y algunos otros zafaron de la fila. Se pasaron de listos. Hicieron la que sabemos. La que tantos alguna vez han o hemos hecho: Buscar al amigo que acelere el trámite... Lo encontraron. El amigo aceptó. No debía, pero aceptó... y se vacunaron en el Ministerio.

Y el flaco se enfadó.

La madre con 80 y pico, la tía con asma y el pariente con diabetes aún siguen en la fila.

Y el flaco se calentó.

Y la flaca de enfrente también se indignó. Tiene al suegro y la madre en la cola. Son tan mayores como el periodista y los empresarios, pero se la están bancando.

El flaco no quería la vacuna rusa. Es más... ni siquiera quería vacunarse.

La flaca de enfrente sí la quería. Pero los dos se calentaron por igual.

Esta mañana el flaco y la flaca de enfrente se encontraron en la esquina. Intercambiaron el enojo.

El flaco le dijo que a Gines habría que colgarlo. Que al Presidente habría que encerrarlo. Que al periodista habría que empalarlo y que a los que piensan como todos ellos habría que -cuanto menos- silenciarlos.

De los empresarios no habló.

La flaca de enfrente le preguntó si siempre se indignaba así. El flaco dudó, pero le contestó que sí.

La flaca de enfrente le reiteró que el ministro, el periodista, los empresarios y algunos otros estuvieron muy mal y que sus conductas fueron realmente graves, y que está bien que hayan rajado al ministro... pero que las vacunas aplicadas a los vejetes que no hicieron la cola en el Ministerio no representan más que el 0,0000042 % de las dosis arribadas.

El flaco se calentó. Enrojeció, gritó, blasfemó, amenazó y puteó.

La flaca de enfrente le volvió a preguntar si siempre se enfadaba así. El flaco volvió a dudar. Pero le reiteró que sí.

La flaca de enfrente le preguntó si también se indignó así cuando el ministro del anterior gobierno dejó vencer millones de vacunas, y encima pagó por conservarlas...

El flaco calló.

La flaca de enfrente le preguntó si cuando supo de la pérdida de 400 vacunas en Olavarría también se enfadó así...

El flaco calló.

La flaca de enfrente le preguntó si el procesamiento de dos altísimos funcionarios del gobierno anterior ocurrido el mismo viernes, por haber hecho espionaje ilegal a montones de personas, también le fastidió así...

Pero el flaco otra vez calló.

La flaca de enfrente le dijo que ella SÍ se indignó también por todo eso. Y le dijo que además se indignó cuando Mauricio nos cargó una deuda de 50.000 palos verdes que no aparecen por ningún lado, y cuando a Michetti le encontraron bolsos en el placard y a Macri las cuentas en Panamá; y cuando Aguad perdió un submarino, y cuando el hermanito de Mauricio apareció con 35 palitos yanquis traídos de una cueva extranjera sin que sepamos de donde salieron, y cuando se descubrió que Dujovne vivía en un baldío, y cuando Mauri redujo a la nada su deuda en el Correo, y cuando Vidal robó identidades para lavar guita, y cuando echaron jueces para reemplazarlos por amigos predispuestos, y cuando apretaron a otros jueces, y cuando los muchachos amarillos armaron el negociado del los parques eólicos, y el de las autopistas, y el de los tarifazos; y el del soterramiento... y cuando hicieron más pobres de los que había, y cuando sacrificaron a las industrias y cuando engañaron y robaron, y cuando se cagaron en la Constitución, y...

La flaca de enfrente se mosqueó. El flaco se encogió.

La flaca de enfrente le dijo que siempre esperó la renuncia de Aguad, de Dujovne, de Aranguren, de Caputo, de Laurita, de Dietrich, de Garavano, de Rosenkrantz, de Píparo... y de tantísimos otros, pero que no llegó ni la de uno sólo, porque ni siquiera se la pidieron.

La flaca también le recordó su indignación por los 10 bomberos que se llevó el escandaloso incendio de Iron Mountain. El flaco no sabía de qué le hablaba.

Llegó el silencio.

Ambos retornaron a sus casas. Ella portaba bronca... y Él: “repentina ética” y “pureza”.

Un minuto después el flaco salió a su vereda. Gritó otra vez su indignación por las vacunas.

En la mano llevaba una vara.

La flaca de enfrente lo vio. Sabe que él siempre usa dos.

Firma: Balcarce Vox

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