(Por Hugo “Paty” Ponce) – En la mañana de hoy me levanté con una noticia que indigna y desconcierta. Según informó un medio colega, “El escribano Marcelo Delledonne, convocado por el vicepresidente de la entidad, Domingo Serritella, realizó una recorrida vinculada a la constatación de la posible existencia de objetos cortopunzantes y peligrosos en el hogar. Acompañados por la directora de la institución, miembros de la Comisión Directiva y personal de turno, se inspeccionaron habitaciones, baños, cocina, comedor y espacios de almacenamiento”.
Y ahí surge la primera pregunta, la más grave y urgente: si existe una medida cautelar que prohíbe expresamente a los miembros de la Comisión Directiva acercarse a los chicos del Patronato de la Infancia por hechos de violencia extrema, ¿qué hacían participando de esta inspección?
¿Quién autorizó su presencia? ¿Por qué vuelven a ingresar cuando la Justicia fue clara? ¿Con qué objetivo buscan meterse nuevamente donde hoy tienen prohibido acercarse?
Y otra pregunta inevitable: ¿por qué tanto interés, de algunos miembros, no de todos, en insistir con estas maniobras, en embarrar la cancha, en fabricar chicanas en vez de mirar la realidad de frente? ¿Qué necesidad tienen de intentar instalar sospechas absurdas? ¿Por qué se niegan a asumir responsabilidades? ¿Qué buscan tapar en lugar de enfrentar la gravísima situación que atraviesa la institución?
A esto se suma otra escena insólita: la supuesta búsqueda de “objetos cortopunzantes y peligrosos”. ¿El resultado? Tenedores comunes de cocina doblados. ¿A quién pretenden convencer con semejante relato armado? ¿Para qué crear una imagen que no existe?
Todo esto parece apuntar a un objetivo evidente: desviar la atención del verdadero problema. Porque lo central es que la presidenta de la institución, Alejandra Genero, y una cuidadora están procesadas por un episodio de violencia extrema, un maltrato cruel y humillante que se extendió durante más de 40 minutos.
El próximo 17 de marzo deberán comparecer ante la Justicia, y su situación ya es crítica. Pero, además, existen audios que comprometen aún más a ambas, audios que revelan el nivel de violencia verbal ejercida contra los chicos.
Y atención: en las próximas horas estaré dando a conocer los audios y poniendo al aire ese material, lo que podría agravar todavía más su situación judicial y moral y dejar al descubierto a los pocos defensores de Alejandra Genero y la cuidadora.
Entonces, las preguntas se multiplican: ¿Qué intentan ocultar? ¿Por qué ensayar maniobras tan burdas justamente ahora? ¿Por qué algunos miembros de la Comisión Directiva están tan desesperados por sostener un relato que no se sostiene, en vez de cuidar a los chicos y colaborar con la verdad?
La comunidad merece claridad, justicia y transparencia. No operaciones. No maniobras. No cortinas de humo.
Porque en un caso tan grave y tan doloroso, el silencio y la distracción también son formas de encubrimiento. Y eso es inaceptable.
