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25 de diciembre de 2018

Margarita Ramírez, «placera» por puro placer

Llegar a la plaza «Eva Perón», en el sector interno del Barrio Hipólito Yrigoyen causa una grata sorpresa.

Encontrarse frente a un espacio sumamente cuidado, con plantas y flores que muestran a las claras el fruto de un trabajo hecho con amor gratifica.

Claro que todo esto no surgió de la noche a la mañana, es producto de un largo trabajo de alguien que vive frente a la plaza desde hace 28 años y hace tiempo tuvo la inquietud de convertir ese espacio en lo que realmente debe ser, un lugar placentero.

Ese «alguien» tiene nombre y apellido, se llama Margarita Ramírez y es la responsable de haber emprendido, sola al principio y acompañada luego por varias vecinas que decidieron sumarse, una cruzada que no fue fácil pero que hoy con el resultado a la vista, se anima a contar con orgullo.

La plaza si bien no tiene demarcaciones concretas está dividida en un sector donde una construcción cobija al proyecto «Envión», otro en el que hay juegos infantiles, un tercero libre para que los chicos del barrio tengan su «canchita» y espacio para dar rienda suelta a cuanta actividad deportiva deseen y el otro cuadrante es el ahora convertido en un jardín.


UN ARDUO TRABAJO

En un principio, cuenta Margarita, tuvo que lidiar con los adolescentes que veían «invadido» un espacio que consideraban propio y el descreimiento de muchos vecinos que la iniciativa no iba a prosperar.

El escollo más difícil lo superó cuando tras mucho lidiar llegó a un acuerdo salomónico con los jóvenes, el respetar mutuamente los espacios.

A partir de ahí, ya con el camino allanado inició la plantación de árboles y flores, el cuidado lógico y el cargar permanentemente baldes para regar debidamente las plantas.

Otras manos se sumaron y con el paso del tiempo y mucho esfuerzo compartido hoy el cuadrante este de la plaza luce como un verdadero jardín.

Margarita lo mira y admira con satisfacción. Una sonrisa casi imperceptible muestra el placer que siente al ver su sueño materializado. En medio de ese regocijo no deja pasar su pesar por el escaso acompañamiento que tienen desde el Municipio.

«Hoy no tenemos ni agua en la plaza» afirma contando con pesar que hubo una canilla, pero tras la rotura de un caño que durante meses estuvo perdiendo agua hasta formar una «lagunita», en lugar de realizar la debida reparación se optó por cortar el agua.

Tampoco, dice, le han dado respuesta en cuanto al engranzado de los caminos internos de dicho paseo. Lo comenta con un dejo de resignación aunque sin malestar, sueña con que en un futuro cercano esas necesidades sean tenidas en cuenta y debidamente atendidas.

Hasta que ese momento llegue, Margarita y su cofradía seguirán realizando ese trabajo que solo tiene como retribución el placer de poder contar con una plaza «como tiene que ser», con espacios para que todos y todas, grandes y chicos la puedan disfrutar.

El plus lo tiene ahora el haber «vestido» de Navidad un pino que aunque pequeño ya va ocupando un lugar relevante dentro del espacio público.

Adornado con elementos reciclados luce de la mejor manera a la espera de la llegada de Papá Noel. Margarita se acerca y por anticipado le pide de regalo la lluvia para sus plantas. Es jueves al mediodía. Pocas horas después desde ese trineo eterno e invisible que por estas fechas cruza el cielo…llegó el agua. Margarita y las plantas, agradecidas…