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El Estado no puede continuar ajeno a lo que ocurre con el transporte de pasajeros que realiza "El Rápido"

Opinión: Informeseprimero.com.ar

Desde largo tiempo atrás, los pasajeros que frecuentan los servicios de la empresa El Rápido S.A. desde o hacia nuestra ciudad hacen oír sus quejas debido a las deficiencias que soportan habitualmente.
   Las unidades que cubren el trayecto que une nuestra ciudad con Mar del Plata cuentan con varios años de antigüedad.
   A veces no cumplen con los horarios de partida o llegada. Suelen presentar deficiencias en el funcionamiento de la calefacción o del aire acondicionado. Transitan con butacas deterioradas, a las que en algunos casos venden como semi-camas. Varios asientos carecen de la correspondiente iluminación superior, y -según relatan distintos usuarios-, en ocasiones parten con pasajeros parados pese a la prohibición en tal sentido.  
   " Ni siquiera identifican las butacas con un número visible", relatan algunas personas..
   Quienes manifiestan sus quejas coinciden en destacar la profesionalidad y buen trato de sus conductores.
   La empresa eliminó tiempo atrás algunos servicios.
   El Estado debe intervenir para frenar el deterioro que registran los servicios de la empresa. La jurisdicción provincial no impide a las autoridades comunales efectuar las gestiones necesarias ante los organismos pertinentes a fin de intentar remediar esta situación.
   Tampoco nada obsta a que el Concejo Deliberante local requiera firmemente a las autoridades provinciales y/o nacionales la adopción de medidas tendientes a terminar con el  monopolio que dicha empresa ejerce sobre el transporte de pasajeros entre las distintas ciudades ubicadas a la vera de la ruta nacional 226.

   Tiempo atrás, el Intendente Esteban Reino anunciara ante Radio Eben Eser la posibilidad de acordar con el municipio de General Pueyrredón la extensión de líneas de transporte colectivo de pasajeros hasta el límite entre ambos distritos.  Sin duda, ello contribuiría a disminuir los efectos del nefasto monopolio que posee la conocida empresa.
   Contrariando lo que sucede en los países del llamado primer mundo, algunos gobiernos resolvieron irresponsablemente varios años atrás prescindir del transporte ferroviario de las personas. Optaron por el transporte automotor.
   Ahora hay que hacerse cargo de tan desacertada decisión y exigir a las empresas prestatarias del servicio automotor el debido cumplimiento de sus obligaciones.