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El balcarceño que mató a su novia dijo: “Ella me pidió que la estrangulara”

Las pruebas sobraban. Sólo se esperaba que el hombre sentado en el banquillo de los acusados admitiera ser el autor del crimen de su propia novia, Verónica Tejeda, ocurrido en un campo de Balcarce hace ya un año y medio. Y lo hizo, aunque de una forma insólita: Mario Alfredo Moreno confesó ser el asesino de la mujer pero insistió en que ella misma le pidió que la estrangulara, por razones inverosímiles.

El imputado realizó declaraciones que provocaron impotencia y bronca entre los asistentes al juicio oral, y sobre todo en los familiares y allegados a la víctima. Entre otras explicaciones, Moreno mencionó que en realidad no era pareja de la mujer, sino que simulaban serlo por pedido de ella misma.

Por ejemplo, mencionó que el día del hecho, el 3 de octubre de 2014, pasó a buscar por Rauch a Tejeda, quien le pidió que la llevara hasta Balcarce. El motivo de ese viaje, según la mujer, era ver a la propia madre de Moreno.
Sin embargo -continuó- durante el traslado de una localidad a otra, la mujer hizo que el hombre detuviera el automóvil y en medio de un campo le confesó que existía un video pornográfico en la que podían verse imágenes de ella teniendo relaciones sexuales con varias personas.


Según el relato del imputado, Tejeda extrajo en ese momento una cuerda que llevaba consigo, se la colocó alrededor del cuello y le pidió a gritos que la estrangulara. Finalmente, Moreno confesó que asesinó a la mujer. Como si fuera poco, añadió que le dio un palazo para asegurarse de que estuviera muerta. En el mismo contexto, acusó a la progenitora de la víctima de ser “mala madre” y hasta dijo que le era infiel a su marido, el padre de Tejeda.

Cuando el fiscal Rodolfo Moure exhibió ante el tribunal los mensajes telefónicos en los que Moreno llamaba “amor” a Tejeda, el imputado explicó que ella le pedía que la llamara de esa forma para simular mejor el noviazgo. El motivo de ese supuesto engaño, en tanto, no fue explicado. El asesino sólo atinó a decir que era un trato para salvarla de una situación a la que decidió no hacer referencia ni descripción alguna.

Por último, y para completar el inédito relato, Moreno contó que la mujer le había pedido también que quemara su cadáver en un trigal con el objetivo de que su madre no lo viera. Y por eso incendió el cuerpo en el interior de su automóvil, escena que fue descubierta luego del hecho.

Tras la declaración del imputado, que generó bronca e impotencia en los asistentes al debate oral, se decidió finalizar la audiencia. El jueves se iniciará la etapa de alegatos con el pedido de prisión perpetua para Moreno que hará el fiscal Rodolfo Moure.

El caso

El crimen se produjo el 3 de octubre de 2014 cuando Mario Moreno (36) viajó a Rauch para intentar reconciliarse con Verónica Tejeda (26), con quien había finalizado días atrás una relación de un año y medio.

Tiempo antes Tejeda, que era parte de una familia de la ciudad de Rauch pero con una pequeña chacra en las afueras para ganarse la vida, había establecido distancia con una pareja que tenía y que la maltrataba. Esa persona era padre de sus hijos. Cuando conoció a Moreno, un hombre nacido en Balcarce pero residente en Tandil, no distinguió los mismos rasgos que al anterior. O sí, pero -como aparenta reiterarse en esas conductas- los comprendió de una forma diferente.

Tan real también fue que Tejeda consolidara la relación con Moreno pese a la distancia y a la violencia. Sin embargo, los celos, agente que explica la violencia y que en el caso del victimario la justifica, fueron haciendo todo más pesado. Asimismo el hecho de que Moreno no trabajara y que durante varios días seguidos se instalara en la casa de calle Pellegrini y Lavalle fueron otros factores desequilibrantes, aunque lo intolerable llegó cuando Tejeda vio a uno de sus hijos golpeados.

Con un poco de valor propio y otro bastante adquirido de sus amigas y familiares, Tejeda resolvió a mediados de septiembre de 2014 dar por cerrada la relación con Moreno, quien no aceptó la ruptura a pesar de un secreto que guardaba: llevaba una doble vida. En Tandil tenía una pareja con la que vivía y a quien también le escondía la existencia de la otra parte. Ese machismo ulcerante, mandado por patrones de cuestionable virilidad, hizo de Moreno un asesino.

Porque aquel 3 de octubre se levantó a la mañana en Tandil, saludó a su pareja de esa ciudad y recorrió los 76 kilómetros hasta Rauch para encontrarse con Tejeda, tal como había acordado por medio de mensajes de textos el día anterior. La última imagen de la mujer quedó registrada por una cámara de seguridad cuando cruzaba la avenida Irigoyen y Alvear a las 9.10. Había salido a comprar pañales y no regresó. Su teléfono recibió a las 9.15 un mensaje de Moreno, quien estaba llegando a Rauch. A las 10.02, quedó captado por una cámara el automóvil marca Fiat Palio de Moreno transitando por Rauch.

Para el fiscal Moure, jamás existieron dudas de que Moreno obligó de alguna manera a Tejeda a que lo acompañara hasta Balcarce. Una vez en un establecimiento agropecuario ubicado en un camino de tierra que une los parajes El Faro y Dos Naciones se desencadenaron los hechos que salieron a la luz en horas de la tarde de ese viernes 3 de octubre, cuando Moreno se presentó en la Estación de Policía y los narró.
La policía no tardó en encontrar el cadáver de Verónica Tejeda: estaba calcinado en el interior del Fiat Palio.